Última entrega de Equipo Chico desde Pekín. Javier Mascherano y Chapu Nocioni representan el esfuerzo y la dedicación en el ámbito olímpico. Dos ganadores de medallas en Atenas y Pekín que siendo jugadores profesionales y relevantes en sus equipos, aceptaron el desafío de los Juegos. Revivimos en este podcast la alegría de los dos deportistas luego de sus conquistas.
Juan Antonio Samaranch, padre del gigantismo olímpico, debía disimular un nuevo fracaso del deporte español en los Juegos de México 68. Le explicaba a su jefe político, el general Francisco Franco, lo importante que había sido participar del olimpismo, competir en el más alto nivel, ganar experiencia, foguear atletas, etc, etc. Hasta que el dictador lo interrumpió y le hizo la pregunta del millón: …“Pero medallas, ¿cuántas, ‘Samarán’?”.
La anécdota, contada en el libro El Deporte del Poder, una formidable biografía de Samaranch, sintetiza acaso la contradicción más grande de los Juegos. Si lo importante sólo fuera “competir”, como dice el célebre lema olímpico, no se entiende por qué todos miramos hoy el medallero final de Pekín 2008. El artículo 6 de la Carta Olímpica recuerda que en los Juegos compiten “atletas, no países”. Ese principio rige aún hoy, recordó en Pekín Giselle Davies, portavoz del Comité Olímpico Internacional (COI). Eso sí, la propia página web del COI ofreció día a día la marcha del medallero. No reconocemos una clasificación por países, pero damos el medallero “con fines informativos”, se justifica allí mismo el COI.
PEKIN.- Sólo es una coincidencia. Con dos medallas de oro y cuatro de bronce, se alcanzó la misma cosecha que en Atenas, aunque eso no debería decir nada especial sobre nuestro deporte.
Las comparaciones tienen cuatro puntos en común con las disciplinas de conjunto y la constancia de Carlos Espínola y Santiago Lange en el yachting. También es curioso que, al igual que hace cuatro años, cinco de las seis medallas fueron en equipos y sólo una en un deporte individual.
En aquella oportunidad se dijo que la actuación había sido un éxito, pero sin estructuras. Y por allí sigue circulando nuestro deporte. No hay dinero suficiente ni continuidad administrativa. Aunque en la Secretaría se mantuvo a Claudio Morresi, se le quitó la autonomía y el deporte pasó a estar bajo el mando del Ministerio de Desarrollo Social, lo que estableció un nuevo paso en el ya de por sí burocrático manejo de los fondos estatales, amén de los incumplimientos dirigenciales en las rendiciones. Leer el post completo »

Fue una frase que decidí guardar porque me causó gran curiosidad. Un colega que cubrió los Juegos de Sydney 2000 me había advertido a fines de junio, en el ascensor de la redacción del diario: ”Vas a ver el vacío que se siente el día posterior a la ceremonia de cierre… Chau, buen viaje”.
Casi un mes después, el panorama que ofrece Pekín me devolvió aquel fugaz comentario. Con la fiesta concluida, los invitados ya no son tales. Ayer nomás fuimos agasajados, hoy somos intrusos. Los voluntarios que hasta hace pocas horas sonreían y saludaban a cuanto extranjero se les cruzaba, caminan ahora con la mirada apuntando al piso mandando mensajes de texto. El bienestar de los demás ya nos les incumbe. Volvieron a vivir su vida. Sienten alivio. Ya no son más la “cara de los Juegos”. Leer el post completo »
Las costumbres de las coberturas periodísticas, desde la época de la nota redactada en máquinas de escribir y dictada por teléfono hasta los blogs que permiten escribir, guardar y publicar después, mandan que cada vez que termina un acontecimiento como los Juegos Olímpicos hay que hacer un balance. Es la forma de cerrar el hecho, despedirse del lugar, del motivo del viaje y repasar las crónicas como quien mira un álbum de fotos para recordar. En otra dimensión, el balance tiene como objetivo trazar una línea entre lo bueno y lo malo, lo hecho y lo que hay que hacer, el éxito y el fracaso de una política deportiva.
La Argentina llegó a Pekín con muchas certezas. Lo que se esperaba se confirmó y lo que no se esperaba también. Hubo algunas sorpresas y ahí estamos. Quizás el punto clave sea ese: los Juegos Olímpicos, salvo excepciones que son obligatorias de nombrar, no fueron el escenario de revelaciones.Los deportes de equipo rindieron lo esperado: podios para el fútbol, el básquet y las Leonas. Los deportes individuales, en varios casos, no salieron del panorama trazado antes de iniciar la misión a Pekín. Leer el post completo »
PEKIN.- El techo del mundialmente conocido ómnibus inglés colorado se abrió como una gran flor y de su interior emergió la figura de David Beckham. Los más de noventa mil espectadores enmudecieron y los flashes iluminaron la noche en la capital china. El futblista arrojó la pelota al aire y simbólicamente dio por inaugurada la cuenta para Londres 2012, la próxima cita Olimpica. Se apagó la llama en Pekín. Con una impactante ceremonia de cierre se despidieron los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna.

Estos acontecimientos suelen transmitir una alta carga emotiva. En medio de los festejos, las lágrimas de Sun Yue, una joven voluntaria, resumían lo que representaron estas apasionantes tres semanas. “Hace años que esperábamos este momento y saber que ya se terminó me da tristeza. Estoy orgullosa de mi país”, relató la muchacha en un profundo sentir colectivo. En el estadio “Nido de los Pájaros” más de noventa mil espectadores disfrutaron de otra muestra de la rigurosa organización. El presidente del comité organizador, Liu Qi, jefe del Partido Comunista en la capital china, abrió su discurso con un mensaje de claro tinte político: “Los Juegos de Pekín son un testimonio del hecho de que el mundo recuperó su confianza en China”.
El presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, ensayó una enérgica sentencia en el centro del estadio, iluminado por cientos de reflectores: “Estos Juegos fueron verdaderamente excepcionales. El mundo aprendió mucho de China y China aprendió mucho del mundo”, dijo. El presidente del COI flameó la bandera olímpica y luego lo hizo el alcalde de Londres, Boris Johnson, como ciudad organizadora de los próximos Juegos. El primer ministro británico, Gordon Brown, la infanta Cristina de España, y el príncipe heredero de Holanda, Guillermo Alejandro observaron todo en las tribunas. Leer el post completo »

La alegría argentina
Las voces de los jugadores
Media hora antes de que comenzara el encuentro, testarudo, el hombre entró a la cancha, pidió una bola y probó su lanzamiento de dos. Apenas podía pisar, pero ahí estaba, otra vez, con pantalones cortos a la par de sus compañeros. Se tocó el tobillo, lo movió, intentó trotar… Le alcanzaron cuatro minutos para comprobar que iba a ser imposible. Dejó la pelota, dejó a sus compañeros y solo regresó al vestuario.

Foto: Fernando Molina/Enviado especial
“Estaba muy dolido, peor anímicamente que en lo físico. Pero no intenté ser un héroe, preferí dejar que jugaran los muchachos que están sanos”. Emanuel Ginóbili vio el partido en el banco de suplentes. Alentó, dio indicaciones y hasta se encargó que todos sus compañeros estén bien hidratados. Fue una grata imagen ver a Leo Gutiérrez -de gran partido- llegar al banco y observar a Manu desesperadamente buscar una botella entre las toallas para dársela al hombre de Atenas (marcó 11 puntos, 3/5 en triples). “Leo, que no había jugado mucho en todo el torneo, entró y casi definió el partido”, comentó luego Ginóbili.
“Se me puso la piel de gallina al ver lo que hicieron mis compañeros. Lo del Chapu hoy no lo puedo creer. Estaba en una pierna y presionaba como si fuese un pibe de 20 años” dijo Manu tras el partido. Vestido con una remera azul, pantalones de jean y zapatillas blancas, el jugador de los Spurs llegó casi acostarse en el piso de los nervios. Se arrodillaba y se levantaba a cada instante olvidándose de a ratos de resguardar su tobillo. “Es la misma lesión de ligamento que sufrí contra los Lakers… Ahora todavía estoy conmovido”, dijo el bahiense. Leer el post completo »
Hay que hacer llorar a un basquetbolista lituano. Obligado por el protocolo olímpico de atención a la prensa, Jonas Maciulis rompió en llanto luego de una entrevista para un canal de TV. La selección de básquetbol de la Argentina hizo llorar a un lituano hoy y nos hizo llorar a todos hace cuatro años, en Atenas, cuando lejos con conformarse con haber hecho a un lado a Estados Unidos, ganó aquella vez la segunda medalla dorada del día.
Esta vez fue diferente. Un bronce no es un oro. Pero no solamente el metal hace la diferencia: la selección de básquetbol consiguió que no esperemos menos de ella. Que un podio sea lo mínimo por lo que se va a un Mundial o a un Juego Olímpico. Ese es su estandard de calidad.
Entonces, uno va a ver su partido contra Lituania por la medalla de bronce con la convicción de que la selección si no hay juego brillante, si el plantel está disminuído, sacará lo que tenga de sus tripas y lo pondrá al servicio del deporte. Ya es normal. Lo que no entra en ninguna categoría es que Andrés Nocioni, aunque la resonancia magnética no diga nada, pero las vendas elásticas en su brazo y en su rodilla digan todo acerca del dolor, haya sido no solamente el hombre más activo de la Argentina sino el jugador con más minutos en cancha de todo el partido: 36:25 minutos. Todo el país, por decreto, debería despertar cada mañana con la energía que tiene Nocioni para jugar al básquetbol. Leer el post completo »